Solicitud de empleo

Posted on octubre 15, 2010

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Timonty es un espantapájaros muy triste y solo. Trabajaba espantando cuervos en los campos de una granjera muy generosa, a quien se le conocía como la señora Grompy. Pasaba todos los días mirando los mismos campos todo el tiempo y nada que cambiaban las cosas. Incluso conocía por nombre de pila a los cuervos que venían a molestarlo a diario.

La única que solía visitarlo alguna que otra vez era la señora Grompy, gustaba dejar bajo sus pies una canasta de rica fruta, luego se arrodillaba y le daba gracias besándole los pies.

A Timonty le gustaba el detalle de su ama, el problema era que el espantapájaros no podía bajar los brazos para comerse la fruta, por lo que le pedía a los cuervos que le ayudasen, pero estos pillos no hacían más que comérsela ellos solos.

Un día, cansado de sólo mirar, decidió ponerle fin a sus penas. Cuando la granjera, como era su costumbre, regresó con la canasta de frutas, Timonty rompió el silencio y le dijo:

—   ¿Señora, le sería muy molesto si deja su canasta donde pueda alcanzarla? —pidió el espantapájaros.

La señora Grompy lanzó tremendo grito, pues nunca en su vida había visto a un espantapájaros decir palabra alguna.

—   ¡Auxilio! —gritó la granjera—. Mi espantapájaros está vivo y me ha dicho algo. –Se tiró al suelo y se cubrió el rostro con su manos— ¡No me haga daño señor Espantapájaros, yo no le he hecho nada! ¡Lo único que quería era ofrecerle un humilde presente para que cuide mis siembras!

Al oír esto, el espantapájaros comenzó a llorar.

—   ¡Tantos años de servicio para que me pagues con alimento fuera de mi alcance! —se desahogó el triste muñeco—, ¡Si te quieres burlar de mí, no te molestes, con los cuervos tengo suficiente!

—   Perdóneme, no lo había pensado de esa manera, parece que lo he ofendido —reconoció la granjera arrepentida—, es una tradición de mis antepasados llevarle ofrenda al espantapájaros, ¿cómo puedo compensarlo?

—   ¡Pues qué fea costumbre! —farfulló Timonty— A final de cuentas trabajo para usted y merezco un poco de respeto y buen trato.

La señora Grompy pensó por un momento y llegó a la conclusión de que el espantapájaros tenía razón, si lo pensaba fríamente, él era su empleado y por lo tanto tenía que tratarlo bien para tenerlo contento y recibir un buen servicio.

A la mañana siguiente, la granjera se presentó con su típica canasta, sólo que esta vez, traía consigo además una escalera con la que subió y le dio de comer en la boca a su reconocido empleado. Pero éste comió tanto, que se sentía agotado y con mucho sueño.

—   Señora Grompy —dijo el espantapájaros— creo que merezco un poco de descanso, ¿no lo cree? Tengo derecho como empleado suyo.

La granjera lo pensó por un momento y llegó a la conclusión de que éste tenía razón, así que lo bajó del palo con cuidado de donde estaba sostenido y lo acomodó en la tierra para que pudiera descansar un poco.

Por desgracia los cuervos no descansaban ni un momento, se acercaron en bandadas a los cultivos y comenzaron a despacharse a su antojo. Como era de suponerse, la señora Grompy no podía permitirlo, así que se subió al palo donde estaba el espantapájaros, y a modo de él, comenzó a espantarlos con su terrible cara de enojada.

Timonty despertó pasada una hora y miró al cielo, ya era muy tarde, pensó.

—   Señora Grompy —habló el espantapájaros—, creo que ya es hora de irme a mi casa, dentro de poco va a anochecer, y usted como mi jefa, no puede permitir que me arriesgue a estas altas horas de la noche, ¿verdad?

La granjera lo pensó por un momento y llegó a la conclusión de que éste tenía razón, así que lo dejó partir. Pero como no podía dejar el campo sin un vigía, ella se quedó a dormir encima del palo como solía hacerlo el espantapájaros.

Timonty llegó a la mañana siguiente, colocó con cuidado sus cosas y despertó a su jefa, pues estaba fresco y listo para trabajar. A la hora de la comida llegó de nuevo la granjera, y como el día anterior, le dio de comer en la boca, lo bajó para que descansara y lo dejó ir temprano a casa, mientras ella se quedaba toda la noche montando guardia.

Así pasaron muchos días similares hasta llegar al mes. La señora Grompy deseaba nunca haber platicado con ese espantapájaros del demonio, prefería mil veces que sólo fuera paja con ropa como antes, aunque tuviera que desperdiciar toda la fruta en tradiciones banales.

La señora Grompy consultó a sus vecinos granjeros y éstos le aconsejaron despedir al espantapájaros.

—   Sólo dele una buena porción de fruta para un mes, que fue lo que trabajó y olvídese de él vecina —le aconsejó uno de ellos.

Y claro que no era cierto, pues el espantapájaros llevaba trabajando en ese campo por generaciones, pero también es verdad que apenas hacía un mes que se dio cuenta la granjera que Timonty era más que simple paja, por eso siguió el consejo de su vecino y le regaló todo un costal de frutas y luego lo echó patitas a la calle.

—   ¿Y mi seguro social? ¿Y las prestaciones? —se quejó el muñeco.

 

—   ¡Qué prestaciones ni qué nada! ¡Lárgate de aquí y no vuelvas! —respondió la granjera muy enojada, le hizo una mueca grosera y luego azotó la puerta de su cabaña con enfado.

*****

Esta historia la escribo para ayudar al pobre muñeco desempleado. Si existiera algún interesado en contratar los servicios de un espantapájaros noble, trabajador y que no le teme a los cuervos maldosos, favor de llamarle a Timonty, que él encantado trabajará para usted a cambio de un poco de alimento a su alcance, su siesta respectiva y salir puntual a la hora de la salida.

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