El eterno condenado

Posted on octubre 25, 2010

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Un día Jesús bajó del cielo, y bajo el soplo de su aliento lanzó miles de virus al mundo. Pensaba que si las palabras no eran suficientes para hacer comprender al hombre la importancia del amor, al menos lo enfermaría a tal grado de hacerlo amar hasta a su propio enemigo.

 

Todos cayeron víctimas de aquel suceso. En las trincheras, en las calles, en las fronteras, en todos lados, los hombres no dejaban de amarse, sin importar sexo, edad ni condición social.

 

Todos menos una mujer que andaba justo a esa hora explorando una gruta muy profunda. Cuando salió de la gruta encontró tan terrible atrocidad. Ella no comprendía nada porque estaba sana. Poco a poco, y por medio de interrogaciones, fue descubriendo la causa.

 

Dedicó años de su vida a descubrir la cura. Una tarde cualquiera la consiguió y curó a cada hombre que poblaba la Tierra. Todos regresaron a su odio natural y a su egoísmo.

 

Todos excepto yo, que me encontraba justo en ese momento en una gruta muy profunda buscando a mi amada. Cuando salí, el mundo había cambiado y yo estaba gravemente enfermo. Pero bajo aquel efecto terrible, no he encontrado hasta este momento la cura. Y vivo condenado a sufrir mal de amores para toda la eternidad.

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