El despertar de un alma

Posted on octubre 29, 2010

0


Había una vez una bruja que no tenía alma. Se levantaba muy temprano todas las mañanas y salía de su cabaña para mirar el sol, porque en una ocasión su padre le había dicho que era lo más bello e importante que había en el Universo.

Ella lo miraba una y otra vez: afuera de la cabaña, desde la ventana, sentada en una silla, acostada. Y en ningún momento le encontraba el chiste.
– ¿Qué tiene de especial una enorme pelota luminosa?- se repetía una y otra vez.

En las tardes, ella preparaba un pequeño refrigerio en una canastita para la ocasión, y salía presta a ver el mar, que estaba a no muchos kilómetros de ahí.

La bruja lo observaba una y otra vez porque su padre un día le había dicho que el mar era impresionante y magnánimo. Siempre era lo mismo, se sentaba en una roca que estaba a lo alto, y mientras comía su refrigerio lentamente, no dejaba de mirar el mar.
– ¿Qué tiene de impresionante y magnánimo el mar? Si no es más que un enorme charco- se repetía una y otra vez.

Luego regresaba a su casa, hacía un poco de labores y se disponía a dormir. Como su cama estaba al lado de la ventana, así acurrucadita en su cama, observaba a la luna. Porque su padre un día le dijo que la luna era tierna y romántica. Así que la bruja la veía hasta que se quedaba completamente dormida.
– ¿Qué tiene la luna de especial? Es como el sol, sólo que de otro color y a veces de diferentes formas- se repetía una y otra vez la bruja-. ¡Na! ¡Esas son puras boberías de mi padre! ¿Qué van a tener de lindas todas estas cosas?

A la mañana siguiente se levantaba pensando en su padre, que había fallecido dos años atrás. Se trataba de un mago mediocre y distraído, nunca como el tío Auberto, un mago poderoso que tenía a su cargo varios puestos importantes. No señor, su padre era un romántico empedernido, abstracto y bastante complejo.

La verdad es que la bruja y su padre jamás se habían llevado bien. Siempre peleando y comparándolo con su tío Auberto. Pero un día su padre le dijo que detrás del sol, del mar y de la luna, que eran las cosas que más inspiraban a su padre, encontraría los sentimientos más hermosos, tan bellos que despertarían su alma dormida.

Pero la verdad es que la bruja lo tomó por loco y no volvió a pensar en eso. Hasta ahora que su padre había muerto. Así que trató de ver si era cierto que despertaba su alma, pero al parecer nada daba resultado.

Y un día, después de haber visto por tanto tiempo al sol, al mar y a la luna, un pequeño suspiro se escapó de sus labios.

– Padre, ¡cómo te extraño!

Anuncios