El cumpleaños de los mellizos

Posted on noviembre 27, 2010

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Era el octavo aniversario de los pequeños mellizos, hijos de Naturaleza y Tiempo. El niño se llamaba Humano, era muy travieso y aventurero. Mientras que su hermana, llamada Sentimiento, era tierna y cariñosa. La pequeña amaba mucho a su familia y siempre se las arreglaba para hacerlos sentir queridos.

El padre Tiempo, al ver que sus pequeños ya estaban creciendo sanos y felices, decidió que sería una bonita sorpresa hacerles una fiesta de cumpleaños. Así que los dos padres planearon toda la mañana una hermosa celebración. El abuelo Espacio, que los estaba observando desde hacía rato, les sugirió mandar a los niños a jugar en el bosque para no se enteraran de su fiesta y pudiera ser una sorpresa. A los padres les pareció una excelente idea y le pidieron al tío Muerte que los llevara y los entretuviera el tiempo necesario.

Así fue como el tío Muerte y los pequeños llegaron al bosque. Los niños disfrutaron de sus juegos por un rato, pero pronto se aburrieron y ya querían regresar a su casa. El tío no podía regresarlos tan temprano, pues la fiesta sorpresa se echaría a perder, por lo que se las ingenió y creó un juego de último momento.

Les dijo que entre todos harían una casa hecha con hojas y ramas secas. Los niños quedaron encantados con la idea y escucharon muy atentos las indicaciones del tío. Él les pidió que cada quien por su lado, buscaran ramas, hojas, flores y todo lo que encontraran para crear la casa.

Al rato regresó Humano con muchísimas ramitas secas que había recolectado. Sentimiento por su parte, como era más romántica, se dedicó a buscar las más bellas flores para decorar la casa. Pero el tío, que era un poco distraído y se la pasaba filosofando todo el tiempo, había olvidado que tenía que buscar materiales para la construcción.

Los niños le reclamaron y éste, para salir del paso, les respondió lo siguiente:

–      ¿De verdad no ven nada? ¿Qué no pueden ver toda la hermosa vajilla de porcelana fina que traje? ¡Tan sólo miren estas finas telas y este metal precioso que brilla con la luz del sol!- dijo el tío con mucha seguridad.

Humano no veía nada y desconfió de su tío, pero Sentimiento, pensando que su tío trataba de usar la imaginación, le siguió el juego.

–      ¡Claro tío! ¿Cómo es que no los había visto? ¡Todo está precioso, la casa quedará divina!- dijo Sentimiento.

Por más que se esforzaba, Humano no llegaba a ver nada, pero como creyó que su hermana y su tío podían hacerlo, él lo tomó por hecho y aceptó que esos objetos existían. De pronto, todos aquellos objetos antes descritos por su tío Muerte, estaban ahí, frente a sus ojos.

–      ¡Ya los veo! ¡Todo es maravilloso y fantástico!- dijo Humano una vez que los pudo ver. Estaba asombrado ente tanta belleza.

Sentimiento, que ella en realidad no había visto nada, pues sólo le seguía el juego a su tío, comenzó a tomársela más en serio hasta que, al igual que su hermano comenzó a ver objetos hermosos y relucientes junto a su tío.

Humano ya no podía esperar más y le pidió permiso a Muerte para poder acercarse y tomar todo lo que quisiera, pero el tío que era muy listo, les dijo que tenían que ganárselo. Los niños entusiasmados por obtener aquellos hermosos objetos, se apuraron a construir una linda casita. Cada que hacían algo bien el tío los premiaba. Estiraba la mano y los pequeños imaginaban que él les daba algo valioso.

Poco a poco los niños fueron perdiendo la dimensión de lo que era real y de lo que no. Y con tal de obtener más y más cosas, lo que al principio sería una casita, terminó siendo una enorme mansión de ramas secas. El tío se aburrió del juego y pensó que tal vez podría ayudar en los preparativos de la fiesta a Tiempo y Naturaleza; así que los dejó solos, pensando que no pasaría nada si se ausentaba sólo un momento.

Como Humano y Sentimiento ya no tenían a un proveedor que les diera cosas hermosas, tuvieron que ingeniárselas y aprender a intercambiar entre ellos. El juego poco a poco se fue transformando en realidad, y los niños olvidaron su nombre y su origen. Ellos se creían poderosos e invencibles, pues descubrieron que cualquier cosa que se les ocurriera, podían hacerlo realidad con el poder de su imaginación.

Ellos se veían como un par de adultos, una especie de dioses que tenían la facultad de crear al mundo. La mansión de ramas terminó como un enorme castillo, cuyas hojas, un tanto ya marchitas, se acumulaban en pequeños montones ya sin forma ni razón de ser; pura acumulación de materia.

Organizaron el interior de su castillo con diferentes cuartos que para ellos representaban naciones, y con pequeñas ramas crearon a los habitantes de esas naciones. En realidad parecía un acumulativo de ramas sin lógica, una creación hecha al azar; pero dentro de la cabeza de los niños, el castillo enramado era un planeta vivo, perfectamente estructurado y cuya razón de ser estaba más allá de cualquiera de los habitantes del hermoso planeta.

Humano se dedicó a organizar a las personas en países y a establecer justicia entre ellos. Por su parte, Sentimiento los educó y les enseñó a amar y respetar a su prójimo. A veces los hermanos peleaban y su planeta entraba en crisis; pero pronto se reconciliaban y el mundito volvía a restablecer su orden natural.

La fiesta de los pequeños estaba lista y Muerte regresó al bosque para llevarse a sus sobrinos a casa. Aterrado al ver el tremendo ramerio que abarcaba varias hectáreas, buscó a sus sobrinos por todas partes. Al fin los encontró peleando en una especie de habitación. Humano castigaba a algunas diminutas figuritas, mientras que Sentimiento, rodeada de muchos muñequitos, lloraba y pedía piedad por los inocentes.

El tío les habló para que ya dejaran de jugar y regresaran a casa, pero los niños estaban tan metidos en las imágenes que su mente había creado que no podían verlo. Muerte se dio cuenta que de esa forma nunca podría lograr nada, así que con sus talentos entró en la mente de los niños y se encontró con un mundo complejo. ¡No podía creer que sus sobrinos fueran capaces de crear algo tan hermoso ellos solitos! No cabía duda que esos pequeños tenían talento, pero aún no era el momento ni el lugar para desarrollar esas habilidades.

Muerte no quería destruir de un tajo la fantasía de los niños por temor a asustarlos, porque era claro que ellos ya no recordaban quienes eran, y un despertar tan brusco podría dañarlos; se acercó a cada una de aquellas figuritas y personas creadas por ellos y les susurró al oído: “Eres fantasía, no existes”.

Esas pequeñas criaturas comprendían el mensaje y de inmediato caían sin vida al suelo, convirtiéndose en lo que eran, unos muñecos. El rumor circuló rápidamente hasta llegar a los oídos de Humano y sentimiento, que aterrados con aquel extraño fenómeno que descomponía a sus muñecos, se apresuraron a crear muchísimos más. Y mientras Muerte intentaba detener el juego, los niños se apresuraban a componer y a poner todo de nuevo en su sitio de origen.

Las personitas de la fantasía estaban aterrados ante tal suceso, y Sentimiento para tranquilizarlos les creó historias fantásticas de mejores vidas en otros mundos y hermosos ritos para despedir a los muñecos ya descompuestos.

Y en eso estaba la niña cuando escuchó pasos cerca de ella y volteó para ver al que creía era su hermano, pero no fue así. Muerte la miraba y le insistía que era tiempo de regresar a casa. Ella no reconoció a su tío y asustada fue a contárselo a su hermano. Pronto comenzaron a hacer conjeturas de que seres fuera de su casa los estaban vigilando.

El padre Tiempo, asustado por la tardanza de Muerte y de los pequeños, le dijo a su mujer que era hora de salir a buscarlos. Los padres ya sabían donde solían jugar sus hijos y se dirigieron para allá. Naturaleza dio un grito al encontrar tantas ramas secas, pues pensó que algo malo les pudo haber pasado a sus hijos. Como madre, estaba desesperada de sacarlos de ahí y no se preocupó por trazar un plan como Muerte, y más aún porque no entendía lo que estaba sucediendo.

Así que entre él y su esposo comenzaron a quitar rama por rama y a llamar a gritos a sus hijos. El planeta comenzaba a desmoronarse dentro de la mente de los pequeños, creían que sus malas acciones estaban ocasionando estragos y temieron por el fin del mundo. Así que comenzaron a tomar medidas para mitigar los impactos ambientales que la tecnología y el consumismo de sus personitas habían provocado.

Muerte reconoció de inmediato la voz de Naturaleza y de Tiempo, y aprovechando que ellos estaban ahí para ayudar, se dio prisa en su tarea y comenzó a susurrar mensajes por grupos grandes de figuritas y personitas para apresurar el fin del juego.

Finalmente lo que empezó como una casa de ramas quedó totalmente destruida. Los niños estaban de pie en otro lugar que no reconocían, eran unos niños de ocho años asustados y sin saber que hacer. Muerte les explicó rápidamente todo lo que pasó a Naturaleza y a Tiempo para que no se acercaran demasiado y asustar más de lo que ya estaban a los niños.

Tiempo sabía lo que tenía que hacer y con mucho cuidado se acercó a ellos y los abrazó durante mucho tiempo. Gracias a las habilidades del padre, los niños comenzaron poco a poco a recordar todo. Naturaleza no quiso esperar más y corrió a abrazar a sus pequeños y a llenarlos de besos.

El tío Muerte no sabía donde esconder la cabeza, estaba arrepentido de haber involucrado a los niños en algo que aún no estaban preparados y pidió disculpa. Pero la familia era muy unida y pronto todos estaban felices de nuevo.

Durante el camino de regreso a casa los niños les contaban sus aventuras a sus padres. De pronto un: ¡Sorpresa!, no se hizo esperar. El abuelo Espacio los estaba esperando con grandiosas sorpresas que entre él y los demás habían preparado para ellos. Los niños olvidaron sus aventuras y disfrutaron de una hermosa fiesta de cumpleaños.

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