El perfil de un maestro profesional

Posted on febrero 1, 2011

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Qué se necesita para ser un maestro profesional? ¿Cuáles son los requisitos? ¿Cualquiera podría serlo? ¿Qué tan complicado resulta? La respuesta es fácil, para ser un “maestro profesional” se necesita cubrir un cierto perfil, al igual que para ser ingeniero o veterinario.

Ahora que, si lo que se quiere es únicamente conseguir un empleo, ser un maestro no es muy complicado. Lo único que solicitan en las escuelas es tener el título, a menos que tengas suerte y te encuentres con una escuela particular que pasen ese elemento por alto, dominar un tema y haber tenido un poco de experiencia frente a un grupo; ahora que, si les urge mucho un maestro, podrás pasar la prueba de forma más fácil.

Pero para ser un maestro profesional, esa es otra historia. Se requiere mucha preparación y una constante formación; pero sobre todo, se necesita pasión por el tema que desarrolla y una fuerte necesidad por transmitir su conocimiento.

A lo largo de este ensayo trataré de resolver este dilema: ¿Cuál es el perfil de un maestro profesional?

Para eso seguiré la siguiente estructura:

•    La función de un docente.
•    Los principales obstáculos de un maestro.
•    La relación entre alumno y maestro.
•    Características de un profesionista.
•    Cómo se considera a un profesor en la actualidad.
•    Cómo ser un maestro profesional.
•    ¿Qué tan factible es que un maestro sea un profesional?

 

LA FORMACIÓN DE UNA SOCIEDAD EN MANOS DE LOS DOCENTES

Empecemos primero por definir ¿qué es una sociedad? Es un conjunto de personas que funcionan como un mismo organismo, cuyo objetivo fundamental es: sobrevivir. Para ello es necesario orientar a cada uno de sus miembros hacia un mismo destino, de tal forma que cada una de sus partes avance armónicamente. Por su parte, el grupo acepta el aprendizaje de forma natural y lo impone como un requisito para pertenecer a dicha colectividad. De esta manera se aseguran de conservar ciertos conocimientos, ciertos comportamientos, ciertas habilidades y ciertos ideales.

Los encargados de llevar a cabo esta laboriosa tarea son los docentes, quienes de alguna forma son responsables de cumplir esta importante misión. Ana Arendt comenta: “si le repugna esta responsabilidad, más vale que se dedique a otra cosa y que no estorbe”. (Savater 2007)

En este sentido, los docentes se encargan de elegir, verificar, presuponer, convencer, elogiar y descartar la información que logre favorecer un tipo de hombre ideal frente a otros, un modelo de ciudadanía, de disposición laboral, de maduración psicológica y hasta de salud.

Acepto que para llegar a este procedimiento de educación es necesario tomar en cuenta los programas de estudio preestablecidos y las decisiones que el gobierno de cada sexenio toma en cuenta para cumplir cierto objetivo. Pero en este texto sólo me enfocaré a la práctica docente, dejando a un lado el aspecto político y el contexto socia.

UN MAESTRO NO ES UN SUPER HÉROE Y NO PUEDE CAMBIAR AL MUNDO

 

Al momento de impartir una clase cualquiera, el maestro enseña al mismo tiempo una realidad social y política, esto es lo que le da un sentido real y profundo a la tarea que realiza el docente.

Es como si el profesor se convirtiera en una especie de “emisario”, cuya misión es desarrollar una tarea de integración civilizadora, pero que, una vez puesto en práctica, el profesor se ve condenado a la frustración. (Glazman 1986)

La razón es que la misma sociedad se encuentra en constante cambio, y es frecuente que los responsables de la educación (maestros, padres de familia y gobierno) de un contexto determinado, no encuentren favorables los “nuevos cambios”, pues no siempre resultan benéficos para la meta final de una sociedad.

Es frecuente escuchar a los adultos de nuestros tiempos quejarse amargamente de los niños y jóvenes por su falta de valores, pero al igual que éstos, sus padres creían lo mismo, y los padres de estos y antes de ellos también sus padres. Pareciera existir una “crisis permanente”,  y no me refiero a una catastrófe indestructible, sino a un resquebrajamiento social constante que causa miedo, confusión y premoniciones fatalistas hacia el futuro.

Por ello es frecuente encontrar “emisarios-docentes” desesperanzados y con posturas pesimistas e incluso catastróficas con relación al presente y al futuro. Porque siendo realistas, encontrar la solución a los problemas ocurridos bajo un contexto en crisis es un trabajo que dura toda una generación, incluso de varias, por lo que muy probablemente existan personas que precencien toda su vida el mismo problema. Mas aún si tomamos en cuenta que desconocidos procesos y fenómenos sociales surgen a cada momento, provocando nuevas estructuras sociales constantemente. (Buenfil Burgos 2002)

Por eso es importante que un profesor no se esfuerce en cambiar la vida de sus educandos, ocasionándose un desgaste físico y mental con el fin de convertirse en una clase de súper héroe. Su función debería radicar en tratar de instruir al alumno como una persona libre y reflexiva para incorporarlo, de una forma consiente y crítica, a la sociedad de la que forma parte. (Glazman 1986)

Y aunque todo esto suena muy bonito, el alto status intelectual que puede tener un maestro contrasta fuertemente con su pobreza económica, gracias a la insuficiencia de los ingresos con que cuentan los docentes. Esto provoca apatía por parte de algunos profesores, y prefieren dar por sentado su formación académica y pedagógica, sin tomarse el tiempo de reflexionar las consecuencias de sus acciones o de crear una relación práctica con el contexto cambiante de su trabajo. (Wilfred 1998)

LA BUROCRÁCIA, EL PEOR ENEMIGO DEL SABER

Otro de los mayores obstáculos que presentan los docentes es la burocracia, cuyas relaciones son en su mayoría manipulaciones jerárquicas y mediadas por funciones, códigos y abstracciones; es decir, se contemplan las relaciones humanas como si fueran funciones institucionales.

Estas relaciones crean vicios, como los terribles problemas rutinarios que se crean bajo un trato de dominación y control jerárquico, sin posibilidad alguna de negociación, tanto de los valores morales como de los políticos. (Wilfred 1998)

Las normas disciplinarias y los reglamentos institucionales crean con el tiempo fracturas importantes dentro de la educación, en especial con la transmisión de cultura. Y un síntoma de ello es el deterioro de saberes de alumnos graduados en los distintos niveles de los sistemas escolares, sin mencionar la pérdida de confianza de los docentes en sus propios conocimientos y en su capacidad para enseñarlos. (Buenfil Burgos 2002)
Sin embargo, a pesar de los resultados negativos obtenidos, la burocrácia permanece inalterable gracias a la falta de imaginación para lograr otras formas alternativas de vida, pues es un hecho que seguimos valorando el orden, la eficiencia y la uniformidad por encima de los ideales de espontaneidad, reciprocidad, variedad y flexibilidad. (Katz. 1971)

NUEVAS GENERACIONES, NUEVOS VALORES Y COMPORTAMIENTOS

Los niños y los jóvenes de esta nueva generación están conformados por otro tipo de pensamiento: procesan información rápidamente, y así de rápido la desechan si consideran que no les es útil; están acostumbrados a la sucesión rápida y repetitiva de imágenes; suelen hacer varias cosas al mismo tiempo; se comunican por celulares y por radio; viajan a todos lados con su música dentro del iPod y el USB; cuestionan a la autoridad y no aceptan un “porque yo lo digo” como respuesta; se identifican por medio de la ropa, que indica no sólo que son jóvenes como en otras generaciones ha pasado, sino además, qué tipo de música les gusta, a que sector de la sociedad pertenecen y que tipo de ideales tienen; pero sobre todo, tienen la necesidad de expresar lo que piensan y sienten, por eso buscan diferentes medios de comunicación, como:  el blog, el chat, las redes sociales, los podcast (fragmentos de audio por internet), los ciber espacios, los karaokes, los cafés temáticos y diferentes tipos de club`s.

Como se puede observar, el cambio tecnológico es un elemento constitutivo de inclusión o exclusión social, cultural y política; resistirse implica: automarginarse. (Savater 2007)

Maestros, padres de familias e intelectuales tienen la preocupación de rescatar y conservar valores, que si bien no se han perdido, se encuentran en peligro de extinción. Pero sería ocioso, para inducir al educando por el buen camino, mostrar agresión por medio de castigos, sanciones o limitaciones por parte de los profesores, pues está comprobado totalmente que esta nueva generación no reacciona a través del miedo o regaños. (Glazman 1986)

Sin embargo, es frecuente encontrar en las escuelas el mismo método de formación de repetidores en lugar de seres pensantes, receptores en lugar de evaluadores, y aprendizaje memorístico en lugar de enseñar a los alumnos a pensar y a ejercer la reflexión crítica. Esto resulta contradictorio con la acelerada vida de los educandos, lo que crea un choque y la rebeldía aumenta. Como resultado, depresión y frustración por parte de los maestros al no ver resultados inmediatos.

Si ponemos las cartas sobre la mesa, nos encontramos con que es más común enseñar lo que no se enseña, y al final resulta que esta enseñanza es mucho más importante. (Glazman 1986) Mas no podemos saber exactamente cuál es la semilla que se ha depositado en los alumnos, a menos que al final del curso escolar se le pida sinceridad a los alumnos y comenten qué fue lo que realmente aprendieron en clase. Las respuestas podrían sorprendernos, pues muchas veces su aprendizaje no está apoyado en los contenidos de la materia, sino en otro tipo de aspectos, como pueden ser actitudes, valores, lo que no se debe hacer, palabras nuevas, descubrir su vocación o hasta inclusive cómo vestirse (como una especie de modelo a seguir).

Es por eso que no conviene que un maestro mida su grado de alcance y profesionalidad con base a resultados poco evidentes. Es decir, que un alumno no haya pasado un exámen de matemáticas, no significa en absoluto que no haya aprendido nada, ni mucho menos que el profesor no sirva.

Sin embargo, hay cosas que sí se pueden medir: los pequeños objetivos simples. Por ejemplo, que el alumno aprenda a trabajar en equipo, administrarse bajo horarios fijos o el respeto a las autoridades, interés por la lectura o que comprenda lo importante que es saber ciertas cosas como las matemáticas, la química, la física, etc., para la vida real; y no esperar a que salga de la escuela primaria o secundaria como todo un conocedor. Es necesario recordar que la escuela no es el fin, sino el principio de la educación, la incubadora de una posible semilla que florecerá una vez que el educando se mueva por sí solo.

CARACTERÍSTICAS DE UN PROFESIONAL EN CUALQUIER ÁREA

Podemos partir del hecho de que un profesionista “es un practicante que mediante largos estudios ha adquirido la capacidad de realizar actos intelectuales no rutinarios, de manera autónoma y responsable, los cuales están orientados a la consecución de determinados objetivos en una situación compleja”. (Parquay Leopold 2005)

Las características de un profesional en cualquier rama del conocimiento, son: tener un conocimiento especializado, una capacidad educativa de alto nivel, control sobre el contenido del trabajo, organización propia, autorregulación, altruismo, espíritu de servicio a la comunidad y elevadas normas éticas.

DICEN QUE DAR CLASES ES UN EMPLEO SEGURO

Si lo vemos desde un punto de vista estricto, el hecho de transmitir conocimientos a otras personas no tiene nada de profesional, es decir, es una tarea que muchos de nosotros podemos hacer cotidianamente, como pasar una receta de cocina, dar un dato curioso, informar la dirección de una calle, enseñar las reglas de un juego o darle consejos a nuestra amiga de cómo conquistar a un chico. Sólo es cuestión de dominar el tema y tener la habilidad de hacerse comprender.

Partiendo de este punto de vista, muchos consideran que la labor del docente sólo puede considerarse como un oficio o un empleo seguro, sobre todo si es por parte del gobierno, donde te ofrecen tranquilidad de poder conservar tu empleo por años, gastos de seguro médico, Afore, crédito para adquirir un inmueble y muchas otras cosas más.
Son vistos como funcionarios sometidos a jerarquías y a reglamentos administrativos, como cualquier empleo de oficina; controlados por un inspector que los juzga con base a programas y mandatarios, como cualquier vendedor; y los docentes se encuentran, a pesar de la seguridad de su empleo, inseguros y llenos de angustias, como cualquier asistente o coordinador de una empresa.

Jean Piaget comenta que el “maestro de escuela no es considerado por los otros, ni, lo que es peor, por él mismo, como un especialista desde el punto de vista de las técnicas y de la creación científica, sino como el simple transmisor del saber en el nivel de cada uno. En efecto, el acto de enseñanza aparece como un acto banal que se efectúa dentro de la continuidad de una actividad especulativa o práctica”. (Piaget s.f.)

Por lo que ser docente es a bien seguro, un oficio, respetado, pero un oficio a final y al cabo, en el que puedes ir perfeccionando a medida que se obtiene práctica y experiencia. Esto es, claro, hablando de la persona que se para todos los días frente a un grupo para desarrollar un tema bajo un programa presupuesto, en el cuál te indica qué temas debes impartir, en qué libros buscar y de qué forma hacerlo. Porque aunque tiene un conocimiento especializado, no siempre cuenta con una capacidad educativa de alto nivel, control sobre el contenido de su trabajo, organización propia, autorregulación, altruismo, espíritu de servicio a la comunidad y elevadas normas éticas; características que debe tener un profesionista.

 

FORMARSE COMO UN MAESTRO QUE TRABAJE PARA SÍ MISMO

Hasta el momento hemos visto a lo largo de este texto, que la “misión”, por decirlo de algún modo, del profesor, es educar a la sociedad para que juntos lleguemos a una meta establecida. Pero también hemos visto que en la vida real esto no sucede así. Por mucho que un maestro se esfuerce, no va a cambiar de clase, ni de director, ni de sueldo, y mucho menos cambiar la forma en la que llevan su vida sus alumnos.

¿Entonces para qué tanto esfuerzo? Esto es sencillo, para superarse como persona. A medida que un profesor se quite la mentalidad de trabajar para otros, es decir, para que otros aprendan o para que otros mejoren sus vidas, su éxito o fracaso dependerá de los resultados de otros, y no de los suyos.

Por eso propongo en este ensayo, que un profesor debe liberarse psicológicamente de las ligaduras de una institución, y formarse una nueva vida sin necesidad de cambiar las circunstancias:  “cambiar tu forma de vivir como maestro (…) El sentido de renovación personal frente al de la construcción de la sociedad.”. (Wilfred 1998)

Hay que entender que el trabajo de un profesor no es únicamente dentro de un salón de clases, como normalmente se maneja, de tal forma que un médico no debe atarse a un consultorio ni un abogado al juzgado. Por poner un ejemplo, en el caso del médico, aparte de dar consulta dentro de un hospital, debe investigar, especializarse, trabajar al aire libre en distintos puntos del país,  así como en el quirófano, en la casa de sus clientes, etc.; es decir, no importa el lugar, ni el tipo de trabajo que tenga, su vocación y su labor será siempre la misma: cuidar de la salud de otros.
De esta forma, un profesor debería ampliar su área de labor, y no ejercerla únicamente cuando se tiene un grupo enfrente. El objetivo es crear una formación pública de educación, reconociendo el contexto social en el que se encuentra. (Pollard 1998) Y esto se puede lograr también, por decir algo, creando libros, programas, campañas de aprendizaje, investigación, colaboración con otros profesionistas con un mismo fin, servicio social, o apoyando movimientos, etc.

Lo que no se vale es quedarse sentados a que una escuela te contrate y te entregue un programa ya hecho para que tú lo desarrolles. El amor a la educación va mucho más allá. Y para completar su formación, es necesario aprender también pedagogía, oratoria, administración de tiempo, psicología, sociología, antropología, economía, y mucho más. Todo lo que se considere que hace falta.

Al respecto, Marguerite Atlet define la profesionalización de un docente como “un proceso de racionalización de los conocimientos que en ella toman parte, pero también como la aplicación de prácticas efectivas en un contexto determinado”. (Parquay Leopold 2005) Es decir, que para ser un docente se debe tener una doble función, por un lado la posesión de conocimientos teóricos y prácticos provenientes de la carrera en la que egresó, o cualquier conocimiento que deba transmitir; y por el otro, los conocimientos pedagógicos y didácticos, la forma en cómo se organizan las condiciones del aprendizaje, y que en muchas ocasiones se aprende con base en la experiencia en clase.

Pero para ser un maestro profecional, se requiere una tercera función: desarrollar a partir de las funciones anteriores la capacidad de análisis. En resúmen, un maestro profesional debe responder a estos tres puntos: formación, acción e investigación. (Parquay Leopold 2005) Por ello, un maestro reflexivo es fundamental para la formación del profesorado.

¿HAY POSIBILIDADES DE QUE UN MAESTRO SEA UN PROFESIONAL?

Para que un maestro sea un profesionista, es necesario hacer una reflexión sobre lo que ha hecho para mejorar, igual que se hace con la enfermería, la ingeniería, el periodismo, la política, el diseño, la interpretación de instrumentos musicales, la pintura, etc. Este tipo de reflexión sobre lo hecho se ha denominado “razonamiento práctico”. (Wilfred 1998)

Por eso, la aplicación de dicho razonamiento en la enseñanza supone algo más que una cantidad de medios eficientes para lograr el fin deseado. En especial, si este tipo de trabajo incide en la vida de otros, en los cuales se puede influir, guiar o manipular a través de los medios escogidos para realizar determinadas tareas. Pero para que se cree la condición necesaria de una profesionalización, es necesario, para empezar, que los sujetos implicados crean en la necesidad de su labor. (Buenfil Burgos 2002)

Y si somos sinceros, si no todas las personas tienen la vocación de ser un docente, mucho menos un maestro profesional. Son contadas las carreras en las que se otorgan las herramientas necesarias para ser un docente; mucho menos para formar un maestro profesional. En la mayoría de los casos, las personas interesadas en dar clases se enfrentan a la batalla sin armas con las cuáles poder defenderse; por lo que comienzan a aprender solitos las formas correctas de dirigirse a un alumno, controlar a un grupo, enfrentarse a un problema escolar o a los padres de familia, evaluar correctamente, etc.

El problema no es ese, sino que desafortunadamente, como sucede en cualquier otra área del conocimiento –que nos tenemos que enfrentar tarde o temprano a las novatadas de ejercer nuestra carrera por primera vez– debemos cumplir con ciertos requisitos para cubrir el perfil y así aspirar, con el paso del tiempo, a ser todos unos profesionales en nuestra área o rama del conocimiento.

De esta forma, para ser un maestro profesional es necesario que la persona cubra los siguientes puntos: ser autónomo y dotado de habilidades específicas, y sobre todo, poseer una serie de conocimientos racionales, procedentes de alguna ciencia (legitimados por la academia) o de cualquier conocimiento explícito surgido de distintas prácticas. (Parquay Leopold 2005)

En concreto, un maestro profesional debe, por un lado, tener conocimientos sólidos e interesarse profundamente en ellos, y por el otro, tener la necesidad de transmitir esos conocimientos. Porque si ama y domina su tema, su propio interés lo llevará a querer saber más y por cuenta propia se sumergirá en la investigación.

Y si aparte tiene la necesidad de transmitir dicho conocimiento, como una especie de reportero que tiene la necesidad de comunicar lo más nuevo e insólito, buscará todas las formas posibles de acercarse a sus alumnos (traducir el lenguaje técnico a un lenguaje más contextualizado) para poder darse a entender y comunicar, de esta forma, todo lo que sabe; y más aún, los alumnos sentirán esa pasión y se verán contagiados por ella.

Como resultado final, un maestro profesional, más que la memorización de datos por parte de sus educandos, buscará provocar, favorecer y conseguir aprendizajes en situaciones determinadas. (Parquay Leopold 2005)

CONCLUSIÓN

El trabajo de los profesores está muy devaluado, pero a opinión personal, la razón es que ellos mismos lo provocan al estarse quejando todo el tiempo de su trabajo. Eso crea una cierta barrera, y hace pensar a las personas que nunca han dado clases, que es uno de los peores trabajos del mundo, que los alumnos son unos monstruos come maestros y que los padres son los más malvados verdugos.

Estoy de acuerdo en que los problemas burocráticos y las situaciones con las que se pueden enfrentar los docentes no es para menos, pero si alguien debe otorgar el lugar que merece un profesor como se debe, son ellos mismos, para empezar.

Por esta razón, dar clases casi siempre se toma como una segunda opción para poder ejercer una carrera, una vez que no se pudo presentar la oportunidad de ser aceptado en una gran empresa. Son pocos en realidad, quienes desde un principio deciden seguir el camino de la docencia, comúnmente llegan por azares del destino. Pensando, claro, en un estudiante de universidad, y no tanto en uno de la Normal Superior, quienes tienen claro desde un principio lo que quieren. Y aún así, desde afuera ven el oficio con aires románticos, pero una vez que se presenta la oportunidad, no dejan de quejarse de sus alumnos.

Esto los lleva a valorar su trabajo de acuerdo a las opiniones, aciertos o críticas ajenas; pero como es imposible depositar la información correcta a cada uno de sus alumnos de forma asertiva (pues cada alumno es responsable de su propio conocimiento), lo que resulta es una terrible frustración.

Por esa razón, propongo que la realización de un profesor vaya de la mano con su realización profesional, y no por los resultados inmediatos que muestren sus alumnos. Uno nunca sabe, pero un profesor puede influir de mil maneras en sus educandos, aunque no sea de la forma que uno se lo espera.

Lo que sí se puede lograr, es crear metas cortas y sencillas, tomando en cuenta que trabaja con personas en desarrollo y en constante cambio, por lo que deberán ser muy concretas y realistas.

Para poder hacerlo, es necesario conocer métodos pedagógicos, pero sin llegar al extremo de ser un experto en metodología pedagógica. Pues es más importante que el profesor sea una persona entusiasta y enamorada de su profesión, capaz de contagiar aquel entusiasmo a sus educandos; y no una persona frustrada y amargada que ya no ve la oportunidad de desquitarse con sus alumnos. Para empezar, dará una mala señal de que su empleo es horrible, su materia desgastante y un ogro que odia a los niños y jóvenes. Una especie de monstruo al que hay que evitar y/o atacar.

Para ser un profesionista real, es necesario amar tanto su materia como la necesidad de transmitir sus conocimientos. Existen personas que saben mucho sobre un tema pero no se sienten a gusto compartiendo sus conocimientos, porque sienten que si los comparten, ya no serán tan necesarios: el caso de los doctores, que recetan pero jamás cuentan sus secretos médicos; así como los magos, los estilistas, los cocineros, etc.

Por otro lado, también es importante que el profesor sienta placer de comunicar aquello que sabe, como una especie de reportero que tiene la necesidad de informar lo que sucede. Pero si no ama su materia, por mucho que le guste transmitir conocimientos, no conocerá por completo los temas y creará huecos de información en sus alumnos. Y sobre todo, transmitirá apatía por el tema en cuestión y los alumnos sólo lo tomarán como un requisito.

Un profesor que ama su materia y desea realmente que las personas también estén enteradas o comprendan la materia –ya sea porque lo crea importante o apasionante–, él solito buscará las formas de transmisión necesarias, es decir, buscará métodos pedagógicos, tratará de explicar lo mejor posible, buscará los términos adecuados, tratará de saber más porque ama lo que sabe, y sentirá que necesita actualizarse y complementarse con otros temas.

Lo más importante de todo esto, es que se sentirá satisfecho consigo mismo y con sus resultados. Tal vez en clase los alumnos no muestren mucho ingenio y comprensión del tema, pero él, por el mismo amor a su labor no se rendirá tan fácil. Lo veo como los vendedores, donde hay ventas que se dan solitas, pero en cambio hay otras mucho más complicadas, como la venta de carros en las plazas comerciales, la venta de departamentos, servicios electrónicos, etc., que no son tan fáciles de vender, y sin embargo, la pasión y el amor a su trabajo de algunos vendedores los motiva a intentarlo una y otra vez.

Por ello creo que también es importante que en el perfil del profesor debe considerarse la alta tolerancia a la frustración. Comprender que los resultados dentro de la educación no son inmediatos. Quizá el profesor nunca pueda ver lo que ocasionó en un alumno, bueno o malo, a menos que éste regrese y le comente al profesor todo lo que influyó en su vida; pero casos como éstos se dan muy pocos, pero no por eso significa que no pasen.

 

Bibliografía

•    Buenfil Burgos, Rosa Nidia (coordinadora). En los márgenes de la educación. . México: Plaza y Valdés, 2002.

•    Feery, Guilles. El trayecto de la formación. México: UNAM/ENEPI/PÁIDOS.

•    Glazman, Raquel. La docencia entre el Autoritarismo y la Igualdad. México: SEP/Caballito, 1986.

•    Katz., M. Class, Bureaucracy and Schools. New York: Praeger, 1971.

•    Parquay Leopold, y et al. La formación profesional del amestro. Estrategias y competencias. México: FCE./Edicoones Siruela, 2005.

•    Piaget, J. «Education et instruction depuis 1935.» En El trayecto de la formación, de Guilles Feery. México: UNAM/ENEPI/PÁIDOS.

•    Savater, Fernando. El valor de educar. Barcelona: Ariel, 2007.

•    Wilfred, Carr. Calidad de la enseñanza e investigación-acción. 3. Sevilla: Díada, 1998.

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