Bailarín con placa

Posted on febrero 18, 2011

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Hace pocas semanas que se inauguró la exhibición La alegría, la cual ha tenido muchas críticas y expectativas. Una de ellas es que en la entrada del museo se puede ver a un policía muy particular. Pues hace un tiempo se ponía a bailar tap justo en el lobby. Bailaba sin parar por todo el paso. No le importaba quien entrara o saliera, todos eran bienvenidos a verlo bailar tap.

Hasta que un día se dio cuenta que en realidad nadie se paraba a verlo. Los visitantes pasaban a hurtadillas por el corredor para llegar a la sala principal, pues tenían miedo a que el raro policía les hiciera algo.

–         Eso no es normal, algún problema psicológico debe tener. -Dijo un licenciado con portafolio en mano y credencial del gobierno para el descuento.

–         ¡El policía me da miedo, mamá!- Gritó un pequeño en brazos de su madre, que estaba atemorizado por los violentos pasos del bailarín.

–         ¡Calma, hijo! El señor está enfermo de su cabeza, pero no te hará ningún daño. Sólo caminemos deprisa. –Contestó la señora.

Pero el escarmiento no llegó hasta que el director del museo hizo su ronda semanal, éste se enojó al ver a su público apilado contra la pared, tratando de caminar lo más rápido y silencioso posible. Una vez regañado el policía, dejó de bailar. Guardó su orgullo en el bolsillo del pantalón y permaneció el resto del día derechito como el mismo muro del museo.

Fue cuando las personas comenzaron a fijarse en él.

–         ¡Qué derechito policía, mamá! –dijo una niña de coletas que no podía dejar de mirarlo.

–         ¡Hay, pero qué bigote tan bonito tiene usted! –dijo una señora regordeta de ojo alegre, que ya se moría de ganas por echarle mano al tieso bailarín.

Tan sólo algunos días a la fecha el museo volvió a la normalidad, ahora los visitantes se interesan más por el tema principal, que es La alegría, la exhibición temporal de este mes. Cuando vayas, te darás cuenta que nadie está triste, excepto un intrascendente policía que se muere de ganas por bailar tap.

De vez en cuando, ya algún piecito se le mueve, pero ya el otro lo pisa para tenerlo quietecito; ya el ritmo trasciende a un pésimo carácter vengativo. Más tú sin cuidado, ni te angusties, porque ¿qué museo podría funcionar sin un policía gruñón? ¡Valiente institución cultural sería sin que se guarde la disciplina! A alguien le tenía que tocar ser el gruñón. ¡Lástima que le haya tocado al único artista con talento del lugar!

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