La educación, es cosa personal

Posted on febrero 28, 2011

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Para mí, educarse es llenar ese vacío de carencias que cada uno de nosotros detecta en uno mismo, de acuerdo al camino que elegimos con anticipación.

No es fácil encontrar ese camino, hace falta todo un recorrido y coleccionar muchas experiencias para poder descubrir ese granito que te hace despertar a un mundo de sensaciones. Para eso debemos estar alerta constantemente, pues ese granito es muy pequeño y se nos podría escapar, tal vez te lo vuelvas a encontrar después, pero mientras tanto habrás perdido mucho tiempo valioso.

Es muy cómodo que alguien denominado “experto” te señale la decisión correcta y la sociedad dicte de antemano hacia donde puedes llegar. Pero aunque todos pertenecemos a una misma especie y formamos parte de una sociedad, no todos aprendemos de la misma manera, ni comprendemos al mundo igual.

Por esa razón se dan muchas frustraciones y sueños rotos, por que al desconocer quién eres, cómo aprendes y qué buscas, desperdicias tu vida siguiendo reglas y “portándote bien” para al final reclamar un premio, que no necesariamente es el que buscas; pero sabes, o te convencieron al menos, que ese es el premio que necesitas.

Los profesores, más que dictar normas y vaciar contenidos, deberían ser los guías que nos ayuden a descubrir cuál es nuestro estilo de aprendizaje: visual, abstracto, auditivo o por medio de experiencias.

Porque con esa herramienta dominada, podrás comenzar a aprender de ti mismo hasta el punto de conocer tus necesidades y tus deseos de una forma reflexiva. Encontrar ese granito de vida que te satisfaga. Puede ser cualquier actividad vana o un camino profundo e intelectual, la verdad es que al final no importa.

Pero cuando lo sabes, entonces comenzarás a buscar la información y todo aquello que necesites para llenar con granitos ese vacío. No se trata de saber más cosas, si no de adquirir cada vez más habilidades que te permitan crecer hacia donde tú quieres.

Si todos pudiéramos lograrlo, el mundo se tornaría más positivo. Seríamos capaces de realizar cosas inimaginables hasta ahora, cada quien en su área. Las palabras éxito y fracaso no tendrían sentido, y desaparecerían los líderes religiosos, políticos y culturales, porque cada quien sería capaz de responder por sí mismo.

El bien y el mal se tornaría confuso una vez que entendamos las consecuencias de nuestros actos, actitudes y pensamientos, pues sabríamos que estos modifican al mundo y a nuestros semejantes de una manera determinante, por lo que procuraríamos controlarnos.

Pero esto no sucederá hasta que nos atrevamos a adentrarnos en nuestra madriguera personal.

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